
( Por Rufus, crítico etilo-gastronómico)
Mi simpático, pero a veces dictador editor, me ha pedido que escriba sobre un buen restaurante, económico, pero que deje una buena sensación visual, auditiva y al paladar y además no quede en Timbuktu o Borde Rio, y he aqu ími propuesta, se llama El Caramaño.
A los pies del Cerro San Cristóbal, a contramano de los restaurantes con tufillo a snob que pululan en calle Constitución, y a contrapelo de cualquier tendencia de moda, tranquilo, sereno y con más de una sorpresa nos espera El Caramaño, pequeña gran maravilla de buenas recetas y precios convenientes.
El restaurante se encuentra en calle Purísima Nº 257, cerca de Santa Filomena, y se dice depositario del recetario de comidas tradicionales chilenas. La entrada ya nos invita a un lugar para disfrutar sin prisas de una buena comida. El lugar dispone ambientes para fumadores y no fumadores, el de fumadores parece pecera, pero como no fumo me da lo mismo. Es bastante limpio, pero como no es un 5 stars, algún mantel por ahí deja ver un largo trajín antes de entrar a jubilación. Tiene un par de salones para ocasiones especiales, pero no son muy privados, y en verano el calor es de temer.
Las murallas están llenas de mensajes dejados por los parroquianos, algunos nacionales, otros extranjeros de paso por estas tierras que han quedado maravillados con los sabores de este lugar. Siéntase libre de llevar plumón, lápiz o crayón para dejar sus impresiones. De hecho, si la compañía no es muy buena, hay bastantes mensajes divertidos para entretenerse mientras pasa la hora.
La atención es buena y mayormente profesional, nada de universitarios que no saben qué contiene cada plato o van a preguntar todo a la cocina.
La carta no es muy amplia, pero desde ya es divertida para leer, pongan especial atención a las denominaciones que le dan al destilado de cebada de origen escocés (no les voy arruinar el chiste dándoles pistas); las entradas son pocas, pero honradas, de buen sabor, llegan rápido y son económicas.
Dentro de los platos principales destaco el osobuco al vino blanco, el pescado y el chupe de jaibas. Hay varios que no he probado, pero hay Caramaño para rato.
Para remojar el güergüero (aprendí ese término hace poco), les recomiendo el trago de la casa, el caramañazo, ideal para esta época; se parece al terremoto pero tiene un ingrediente secreto que le da frescura y un sabor bastante especial. Además, el pisco sour ( que ellos escriben de manera chilensis) está bastante bien. La carta de vinos es pobre, pero va de acuerdo a la gama de comidas, unos pocos tintos, soberbios en su gusto y regalones con el bolsillo y unos sugerentes blancos amorosos con la economía del que invita.
Los postres, eso sí, son el punto al debe, son pocos y malos, mejor tomar un café o mandarse a cambiar a otro lado para esos menesteres.
Si todo eso aun no los convence, les dan una tarjeta por si vuelven dentro del mes, en que les ofrecen la entrada gratis para cada persona de la mesa ( no se hagan ilusiones, solo hay dos opciones). Ah! También tienen estacionamiento.
Una cena para dos personas con entrada, plato principal, algún traguito y un té de hierbas no debiera salir mas de $8.000 a 10.000 por persona
